
Hoy desperté lejos, aislada de los que quiero; de aquellos con los que no podría vivir si me faltasen. Y descubro que me faltan... ellos están allá y yo estoy acá. ¿Cómo es que (sobre)vivo entonces?
Gente nueva. Esa es la respuesta. Nuevas historias, nuevas anécdotas, nuevos humores y nuevas peleas. Me encariño y doy abrazos correspondidos, sonrisas correspondidas y afecto correspondido. Sé que voy a extrañar cuando llegue el día de regresar. Sé que lloraré porque sabré que la mayoría de las despedidas que aquí tendré serán para siempre.
Miro hacia el espejo y veo a alguien igual a mí, con mi ropa y mi cara de haber despertado recién. Me impresiono con lo parecidas que somos. Veo que es una niña que está emocionalmente hiperventilada. ¿Conclusión? Soy yo.
Si algo me causaba gracia allá, acá es el mejor chiste que he escuchado. Si algo me daba un poco de pena allá, acá es la peor tragedia; si allá les decía 'te quiero', acá a los mismos les digo 'te amo'. ¿Es eso el resultado de una carga emocional muy grande por estar lejos o es crecimiento?
Prefiero pensar que estar acá -en vez de estar allá- me ha servido para querer más, para reír más, para disfrutar más, para extrañar más y llorar de la misma forma.Ellos ríen y no aporto con mi risa; ellos lloran y no pongo el hombro; ellos comen y yo no los acompaño. Todo porque estoy lejos. ¿Valdrá la pena? No sé. Hoy no sé nada. Me aguanto las lágrimas y comienzo a escribir.








